miércoles, agosto 03, 2005

Hay cuatro niveles de bondad en el ser humano.

Un amigo el otro día me obsequió con una pequeña perlita que me abrió un poco los ojos: hay cuatro niveles de bondad humana.

El primero es el Bueno: albergas sentimientos bondadosos y optimistas acerca de los habitantes de este mundo en general y de tus círculos cercanos en particular. Si un amigo te llama para hacer una mudanza harás lo posible para ir, siempre que te avise con suficiente antelación.

El segundo es el Tonto: los sentimientos bondadosos te desbordan y te empiezas a creer las letras de Sabina que dicen que los yonkis y las prostitutas son gente recomendable y estupenda. Si un amigo te llama para hacer una mudanza cancelarás citas para poder ir a ayudarle y animarás a amigos comunes para que se apunten al chiringuito.

El tercero es el Gilipollas: tus bondadosos sentimientos han alcanzado un nivel tal que tu pensamiento ha llegado a la conclusión de que la clase política no es tan mala como la pintan y que realmente sólo están un poquito estresados por la responsabilidad de saberse responsables del destino de cuarenta millones de personas. Tienen que ser buena gente leñe. Si te avisan para hacer una mudanza eres capaz de cancelar la cita con el/la chico/a que te gusta, olvidarte del cumpleaños de un familiar cercano, y de llevar bocatas y gorras para todo el mundo por si el hambre y las insolaciones.

El cuarto se llama Earendil: sobre tus sentimientos y pensamientos solamente cabe hacer especulaciones porque cualquier atisbo de lógica es tan pequeño que resulta invisible. Si alguien a quien no ves desde hace un año te llama para hacer una mudanza a una ciudad situada a 250 Km. de tu lugar de residencia, no solamente te prestarás presuroso a ayudar, sino que además involucrarás a un amigo para que conduzca un camión lleno hasta los topes y con el peso mal repartido por calles estrechas y carreteras mal asfaltadas y te ayude a descargarlo todo en una casa situada en un lugar donde hasta las cabras se sienten cansadas al mirar el camino de subida, y por último permitirás que llame a otro amigo (el cual entrará al día siguiente a las seis de la mañana a currar) para que venga a buscarnos a dos centenas de kilómetros de distancia cuando os quedeis tirados en una ciudad donde solamente hay trenes de alta velocidad y autobuses con horario de verano.

Así que ya sabeis, buena gente. Cuidaos de las mudanzas, los tontos, los gilipollas y los Earendiles del mundo. Nunca se sabe cuándo podeis tropezar con alguno.

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